UE acude al G7 como contrapeso a un EE. UU. en plena ofensiva proteccionista

La Unión Europea (UE) mostrará en la cumbre del G7 de Biarritz (Francia) su millonésima repudia a la guerra comercial emprendida por el Gobierno de Estados Unidos, una ofensiva “in crescendo” que ha roto el consenso tradicional entre las grandes potencias y pesa cada vez más sobre la economía europea.

Bruselas no espera “progresos tremendos” en el frente comercial de la cita en la ciudad francesa, que no abordará el acuerdo de comercio que prevén negociar Washington y la UE y servirá sobre todo para escuchar de primera mano las impresiones del presidente de EE. UU., Donald Trump, sobre la economía, explican fuentes europeas.

La ralentización de la economía global, el comercio y la tensión con China serán abordados por los líderes de los países del Grupo de los Siete países más desarrollados (G7) -EE. UU., Alemania, Francia, Italia, Reino Unido, Canadá y Japón, más la UE- durante una cena el sábado 24 de agosto.

La UE, representada por el presidente del Consejo, Donald Tusk, reiterará que está “comprometida” con una reforma de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y defenderá que este debe ser el foro dónde resolver los conflictos globales, “sin recurrir a medidas proteccionistas o barreras comerciales”.

“Intentaremos transmitir el mensaje que siempre hemos transmitido: que apoyamos el multilateralismo y la resolución de conflictos en la OMC, y que la guerra comercial con China no beneficia a la economía a largo plazo”, explican fuentes de la delegación comunitaria.

Un mensaje al que, hasta ahora, Trump ha hecho oídos sordos.

Su llegada a la Casa Blanca dinamitó la premisa bajo la que funciona el G7 desde su creación en 1975: reunir a las potencias industriales para abordar juntos problemas comunes.

Más allá de la retirada de EE. UU. de acuerdos internacionales clave, como el del Clima de París o el Nuclear con Irán, la agresiva política proteccionista de Trump, basada en la imposición unilateral de aranceles, el rechazo a la OMC y la idea subyacente de que el mundo se aprovecha de su país, choca frontalmente con el consenso tradicional a favor de un comercio libre regulado globalmente.

La ruptura quedó escenificada en la cumbre del G7 de 2018 en Canadá, dónde Trump suscribió a regañadientes el comunicado adoptado al final de la reunión solo para hacerlo saltar por los aires, nada más subir al avión presidencial para abandonar el encuentro, con un tuit en el que renegaba del mismo.

Aunque la tensión es menor de cara a la cumbre en Francia, la brecha no ha hecho sino ensancharse en el último año.

EE. UU. impuso en junio de 2018 aranceles a las importaciones de acero y aluminio de la UE, a lo que el bloque comunitario respondió con aranceles a productos estadounidenses por valor de 2.800 millones de euros.

Washington decidirá además antes de noviembre si grava las importaciones de vehículos europeos, a lo que Bruselas prevé represaliar, llegado el caso, con aranceles por 35.000 millones.

EE. UU. había amenazado en 2018 con estos aranceles, pero en julio del año pasado selló una “tregua” con la UE para mantenerlos en suspenso ante la expectativa de que ambas partes negocien un acuerdo comercial limitado a los bienes industriales, tratativas que aún no han comenzado.

Este acuerdo, sin embargo, no se abordará durante la cumbre del G7. “No es el momento”, aseguran fuentes europeas, para quienes lo relevante es “sentar a Trump a la mesa para debatir sobre la situación de la economía”.

La UE y EE. UU. tienen además una disputa pendiente ante la OMC por sus subsidios a Airbus y Boeing, respectivamente. El caso se dirimirá este verano y podría conllevar la imposición de una nueva ronda de aranceles de ambas partes.

Pese a la tregua, Trump no ha dejado de amenazar con más tarifas a países europeos. La última ha sido Francia, por adoptar una tasa digital que el mandatario considera destinada a perjudicar a empresas estadounidenses.

En las últimas semanas, la proximidad del “brexit” (la salida del Reino Unido de la UE) y el nombramiento como primer ministro británico de Boris Johnson, por quien Trump siente especial simpatía, han añadido una arista a la tensión entre la Unión Europea y Estados Unidos.

Hace unos días, el asesor de Seguridad de Trump, John Bolton, afirmó en Londres que su país apoyará un “brexit” sin acuerdo y ofreció al Reino Unido acuerdos comerciales “sector por sector” antes de firmar un tratado bilateral.

Con el Reino Unido en vías de salida, está por ver si Johnson se alinea con Trump en el G7.

Entre tanto, la economía europea se resiente bajo el peso de la guerra comercial con China, que se ha intensificado este mes por la amenaza de Washington de subir aranceles a productos chinos por valor de 300.000 millones de dólares, con la consiguiente respuesta de Pekín.


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